EPIFANÍA TRES

sábado, 1 de noviembre de 2008
Un hombre muy testarudo quería montar a un caballo de gran alzada. Como era bajo, no podía hacerlo. Intentaba de diferentes guisas: penderse del cuello del animal, sostenerse del caballete, saltar sobre las ancas e intentar sentar al equino; todo fue inútil. Cansado, se sentó a un lado del animal y lo contempló algo irritado. Jadeaba y sudaba. Tuvo una idea y trató de emprenderla. Tomó al caballo por su cabeza y le susurró, mas éste giró y buscó otro panorama. El enano, furioso, se agarró de la cola de la bestia y una patada recibió en la bragadera. Una patada seca ahí mismo mató al enano y esta historia dio fin.

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