EPIFANÍA CUATRO

jueves, 6 de noviembre de 2008

EPIFANÍA CUATRO

He decidido no cerrar mis ojos, porque quiero ver el atardecer, pero estoy muy cansado, puesto que en vigilia he estado por tres días. Tengo el cuerpo cansado y adolorido, casi quemado por el sol. De igual manera, el cabello está cayéndoseme igual que las hojas de un almendro tropical. Mi boca y todo el conducto de alimentación están agriados. Mis exhalaciones pulmonares son sanguinolentas y fétidas. Con todo, me resisto a cerrar los ojos, mas el ardor y el lagrimeo me obligan a hacerlo. Me resisto a la naturaleza, no obstante ella más vieja y más sabia me vence. Cierro los ojos y todo lo refrenado tiene oportunidad de fluir.

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