EPIFANÍA CUATRO
He decidido no cerrar mis ojos, porque quiero ver el atardecer, pero estoy muy cansado, puesto que en vigilia he estado por tres días. Tengo el cuerpo cansado y adolorido, casi quemado por el sol. De igual manera, el cabello está cayéndoseme igual que las hojas de un almendro tropical. Mi boca y todo el conducto de alimentación están agriados. Mis exhalaciones pulmonares son sanguinolentas y fétidas. Con todo, me resisto a cerrar los ojos, mas el ardor y el lagrimeo me obligan a hacerlo. Me resisto a la naturaleza, no obstante ella más vieja y más sabia me vence. Cierro los ojos y todo lo refrenado tiene oportunidad de fluir.

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