Indígena: ¡Ayudadme, socorredme Padre!
San Martín de Porres: ¡Qué pasa hijo mío! ¡Prestadme vuestro llanto y yo os consolaré!
Indígena: padre, ninguno me permitió acercármele. ¡Véame! mis carnes se caen al frotarlas.
San Martín de Porres: no lloréis, que más mal me pongo. Ahora ya arropado, decidme: ¿Por cuál razón Dios os ha castigado?
Indígena: No puedo cometer acto indigno si no poseo "mentes", como no tengo alma.
San Martín de Porres: consuélate, que hasta los tuyos poseen alma.
Indígena: ¿Cómo podemos tener una si nuestros cuerpos no gozan de la donosura angelical? Sólo míranos Señor: somos feos, chaparros y oscuros.
San Martín de Porres: Reconozco lo dicho por vos, relatarte puedo, empero, que El Redentor acogió a Rameras y a parias arrepentidos. ¿Vos estáis arrepentido?
Indígena: Todos lo días. Me averguenzo de la perdición que acompañó a mi 'áma. Por eso, llevo estas llagas en mi "cuero", como castigo.
San Martín de Porres:: Ten fortaleza; vuestro purgar te acerca más al seno del Grande.
Indígena: Soy débil señor: sufro de estas llagas sin resignarme. Sufro por el insistente picor que me mata y me asquéo cuando las pieles se me caen, dejando huecos de carne viva. Los gusanos viven bajo la inmundicia y me pudren como a un muerto. ¡Dios,... Dios! Dios ¿Por qué sufro y me quejo y no me alegro por mi encuentro próximo con Vuestra Presencia?!
San Martín de Porres: Enfermo tienes el cuerpo, como el alma. Creo que mis humildes ruegos al Padre no llenarán tanta fetidez. Haré lo que pueda para lograr la merced de vuestra salvación.
Indígena: No te vayas señor. No me dejes en el desamparo.
San Martín de Porres: Adiós, busca misericordia.
Indígena: ¡Ayudadme, socorredme Padre!

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