Así, de esa manera, bailé con aquella mujer. No fue su belleza, la cual superaba a la del resto de damas, sino su danzar. Vale la pena decir que ella me dominó durante el inicio del bailar; guiome hacia delante y hacia atrás cdon el udo de dos pasos. No ocurrió un giro, por lo cual la actividad tornose artificiosa. No obstante, obtuve el coraje necesario para juntarme a su cuerpo y hacernos girar, para movernos cabe los danzantes y para flirtearle cuanto más quise. Ella obedeció con gusto, puesto que es bien sabido por todos que las mijeres aman a quienes se transmutan en sus amos. Algunas molestias acaecieron, tales como el sofocamiento producido por la masa humana que bailaba , los diversos hedores provenientes de los pelafustanes ebrios y en definitiva, el alto volumen de la música. No estaba fijada en mi memoria ella, quien era vulgar, sino el singular gozo que obtuve de ella. Lo siguiente permanece ignorado, mas insinúo libremente que mi cuerpo satisfizo todos sus apetitos
PARRAFO TOMADO DEL DIARIO DE FIDEL CASTRO EEN EL AÑO DE 1945 / PÁGINA 85

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